Alguien como vos o como yo

El inglés Shezhad Tanweer tenía 22 años y estudiaba Ciencias del Deporte. A veces se tripeaba jugar críquet y conducir el Mercedes de su papá. Su amigo Hasid, en cambio, sí era un tipo más frito, más mala conducta. Los vecinos lo recuerdan formando peos en el barrio aunque últimamente se había tranquilizado un poco gracias a la buena influencia de la religión islámica. Todo lo contrario que Mohamed Khan, que a sus treinta años era un modelo de padre de familia responsable y apacible que trabajaba con niños discapacitados.
Cuando los tres desaparecieron, el jueves 7 de julio, sus amigos y conocidos temieron encontrarlos en la lista de víctimas de los atentados de Londres. Se imaginaron a sus hermanos calcinados en medio de los rieles del tren o mejor aún vivos y esperando ser atendidos. Pero jamás se les ocurrió pensar que aparecerían en la lista de los asesinos. La imagen que todo el mundo tenía de los osados terroristas que se atrevieron a desafiar las reglas occidentales es de una inocencia enternecedora. Osea, estábamos más pelaos que rodilla e chivo.
Imaginamos a salvajes armados hasta los dientes, fanáticos irracionales con problemas de adaptación, psicópatas sin remedio, barbudos y podridos a sudor. Sobre todo cuando hace unos días en la televisión española, un documental norteamericano describía a Sadam y a Osama como víctimas de una curiosa patología que denominaban "narcisimo maligno".
El psicólogo del Pentágono y autor del equívoco diagnóstico no reparó en el detalle que, si realmente son enfermos mentales, son legalmente inimputables, es decir, no pueden ir presos. Pero afortunadamente no lo son. Armados con un sistema de creencias –llámese religión o ideología-, los terroristas se consideran a sí mismos personas muy nobles, dispuestas a matar pero también a morir por sus ideales.
La opinión pública inglesa aún no puede creer que el atentado haya sido cometido por ingleses educados en las costumbres occidentales en un país lleno de oportunidades y movilidad social. Pero ese es justamente su punto de apoyo moral: ellos no lo hacen por sí mismos, sino por los demás. Ellos se consideran más nobles que vos, o que yo, que estamos aquí sentados, leyendo o escribiendo este artículo, sorprendidos por la maldad del mundo e incapaces de hacer nada.
Y lo más arrecho es la flema con que los británicos han encarado los crímenes del 7 de julio. Esto podría marcar un punto importante en la política occidental en torno al tema, una toma de conciencia de que hay que ganar la pelea en el frente de las ideas. Estos tipos si son polite.
Aunque Bush ha repetido sus soflamas bélicas, incluso EEUU es conciente de que, mientras los tanques gringos recorrían Bagdad matando familias inocentes, los futuros asesinos estaban en un barrio de Leeds, recogiendo en flamantes autos a sus niños de la guardería y jugando críquet a 10000 km de la línea de fuego, gente como tú o como yo, llena de buenas intenciones.
Una vez lo dijo Ilich Ramírez Sánchez, El Chacal: nunca se burlen de los gorditos, o de los más morenos, o de los menos poderosos. Ellos pueden montarse un bolso lleno de C4 y mandarlos derechito a una morgue divididos en pedazos. Probablemente tu cabeza o la de cualquiera de nosotros podrían perderse en medio de la chatarra humeante.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home