Si yo Fuera Nudista

Dando unas vueltecitas sabatinas por el maravilloso mundo de la Internet, me encontré con algo que llamó poderosamente mi atención. Existe una empresa que organiza viajes nudistas y que nos invita a todos a despedir el verano sin ropa: pero no en cualquier parte, sino montaísimos en un hermoso barco que da vueltas por el Mediterráneo. La oferta: 300 euros. A cualquiera se le hace agua la boca, sin embargo a mí me resulta particularmente un sueño. Quizás porque en Venezuela te medio sacás el short encima de la toalla en cualquier playa local y ya cualquier señora escrupulosa te mira con cara de asombro, o se termina pegando un SugarDaddy con ganas de comerte vivo.
Si yo estuviese caminando desnudo por una playa concurrida mantendría la vista en alto. Como si fuera todo normal. Disimulando que soy un impostor entre tanta gente civilizada y linda, que la está pasando bien en un sitio de agua turquesa y arena blanca: los nudistas jamás eligen bahías contaminadas con petróleo, ni con inmigrantes marrones flotando en la orilla, ni arenas con pulgas de mar o moscas. Ni tampoco con muchachos vendiendo rompe colchón, chipi-chipes, o cualquier comida de mar que te despierte las extensiones dormidas. Eso es un peligro. Que pena con tu compañera.
Si llegase a conversar con alguien, en una playa nudista, jamás bajaría la vista por debajo del cuello de mi interlocutor. Voy a utilizar los dos casos: Te imaginas que venga de frente un(a) curvilínea(o) modelito con el pelo mojado tras un refrescante chapuzón en un mar que le dejó la piel de gallina, y que además lo único que tiene encima es el bronceador?. En ese caso es mejor no darse vuelta para mirarle las nalgas una vez que pasa por tu lado. Es muy raro que te fijes detenidamente en alguien, salvo en algo de tu propio cuerpo. Definitivamente debe ser arrecho ser nudista coño, aunque parezca fácil. Los ojos brotados, el pedazo como un asta de bandera, con una actitud seria, recatada, como ensimismado...verga!.
Si me metiera al agua, no haría tantas piruetas con las olas, ni me metería a nadar mar adentro. Cuidaría algunas partes de mi piel como nunca lo hice antes, pasándome crema por lugares donde nunca lo había hecho. Trataría a la arena con mucho cuidado, muy respetuoso, temiendo que se transforme en tu peor enemiga y se meta por donde quiera cuando te tumbas sobre ella: nudista estaría mucho más domesticado.
Por alguna extraña razón, estando sin ropa en un sitio público, estaría mucho más obediente. Respetaría mejor las buenas formas. Más que un tipo rebelde, como se autocalifican algunos militantes de ir a la playa sin ropa, vestido de nudista me transformaría en la más dócil de todas las ovejas cuando están trasquiladas.
Sin embargo, creo que el gran problema de los nudistas, lo que siempre tienen en contra, los limita y los hace aburridos, es que están repletos de agrupaciones. Por todo el mundo. Son como los rotarios (del Rotary Club), pero ruedas libres. Y tienen voceros. Y tienen páginas web. Y publican cartas de apoyo, porque se consideran una minoría. Y tienen jerarquías. Y tienen reuniones. Y tienen disciplina. Y tienen, de seguro, tipos que le impiden el ingreso a otros, o algunos que se aprovechan de los nuevos para que paguen el noviciado. Y arman polémicas. Y están repletos de dogmas. Y tienen, claro, un gran negocio entre manos: sólo en viajes, se estima que mueven unos 400 millones de dólares anuales. Dios, sólo por estar sin ropa.
¿En qué momento un simple y tranquilo acto de exhibicionismo natural pasó a ser una industria con más intereses que un contrabando de Cocaína y heroína juntas? ¿Qué pasaría si finalmente se legaliza (y no se pena, como sucede en casi todas las playas del mundo) el desnudo total de cualquier bañista? ¿Te imaginas caminando en Adícora, Choroní, Playa Pantaleta o Cuyagua con el aparato tambaleándose cual péndulo hipnotizador? De entre miles de respuestas posibles, quizás las únicas concretas es que bajaría el mercado negro de playas privadas, los empresarios que se han agarrado del nudismo para hacer fortuna terminarían quebrados y el precio de los trajebaños se iría, definitivamente, al suelo. Los voceros del nudismo quedarían sin micrófono, pero eso sería por poco tiempo, hasta encontrar una nueva minoría por la que hincharse las venas gritándonos en la cara su lucha minoritaria.
Me imagino el aburrimiento de un barco repleto de nudistas por el Mediterráneo, mirando casi para el cielo todos, sin poder decirle a la compañera que están conociendo: “Mira, tienes un pelito infectado en el labio izquierdo”. No, según gente que ha ido, lo único que hacen es hablar de su causa minoritaria mientras desayunan. Tal vez la solución sea la antigua: la de sacarse la ropa y ya está. Pero claro, en ese caso, no habría organización. ¿Quién se organiza con las bolas y las tetas al aire y con unas birras encima? Nadie. Mejor me quedo tranquilo y me sigo poniendo mis bermudas aguadas que me llegan hasta la rodilla. Por cierto, saludos a mi amiga Judith quien mientras practicaba KiteSurf en Adícora, una ola le arrancó el traje de baño un jueves santo. Jamás pudo encontrar el diminuto vestido y tuvo que salir con un diseño de algas improvisado por ella misma y además, pagar la reparación de la vela, la cual salió volando hasta chocar con un poste de luz.

1 Comments:
Pana si quieres disfrutar de la experiencia del nudismo, sin necesidad de contratar a una empresa que te organice el viaje. Visita www.NudistasVenezolanos.org
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NudistasVenezolanos.org, at 2:29 PM
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